Qué opinan los expertos sobre el cuidado diario de la piel con dermatitis atópica

1. La piel del paciente atópico

Es sabido que la piel del niño con dermatitis atópica es seca. Y es tan importante este dato que se considera un hecho imprescindible para llegar al diagnóstico de la enfermedad: sin piel seca no existe dermatitis atópica.

La piel seca, también llamada xerosis, puede llevar a la inflamación, que puede ser subclínica, esto es, inaparente, o que puede manifestarse por las típicas placas de eccema en las zonas más características en esta enfermedad: las flexuras de los codos y las rodillas.

Pero, además, la piel seca pica –de día, de noche, al desnudarse, con el estrés– y provoca un importante deterioro de la calidad de vida del niño, entorpeciendo sus actividades escolares y de ocio, y también la de sus familiares, que comparten su ansiedad y a veces su depresión.

Por ello, si se pudiese combatir la piel seca se conseguirían múltiples beneficios: mejorar la apariencia y la estética de la piel al aumentar la cantidad de agua de la capa más superficial o capa córnea, disminuir la pérdida de agua insensible transepidérmica o de la epidermis (esa que no se nota y se produce de forma constante), aportar lípidos y sustancias semejantes al factor de hidratación natural de la propia piel, mejorar el prurito y evitar los brotes de eccema o, al menos, reducir su frecuencia.

2. La piel seca

Ya hemos dicho que los niños con dermatitis atópica tienen la piel seca, pero no hemos dicho que esa xerosis se debe a un mal funcionamiento de la barrera de la piel. Y esa mala función se produce porque la filagrina, una proteína epidérmica, está alterada por factores genéticos consistentes en una mutación del gen que la regula. Así, disminuyen los lípidos naturales de la epidermis (ácidos grasos y ceramidas), aumenta la pérdida de agua desde la epidermis, y las bacterias, como el Staphylococcus aureus, se asientan sobre la piel con facilidad, pudiendo penetrar a través de esa barrera cutánea alterada, causando infecciones y más inflamación.

En medicina está demostrado que la mayoría de las enfermedades se ven influidas y modificadas por factores externos o ambientales. En la dermatitis atópica estos factores son numerosos e importantes: factores psicológicos, climáticos, infecciosos, alimentarios… y, de forma muy importante, los cuidados diarios de la piel.

3. Cuidados diarios de la piel

Los cuidados diarios de la piel atópica pueden retrasar la aparición de brotes, o que estos sean menos graves.

Hasta tal punto es importante mantener una higiene y una hidratación adecuada de la piel atópica que, en un reciente trabajo sobre los factores desencadenantes de los brotes de dermatitis, tanto en niños como en adultos, se encontró que los cosméticos inadecuados, definidos en la publicación como “artículos de perfumería y aseo personal”, fueron la causa desencadenante en el 44% de los adultos y en el 35% de los pacientes pediátricos.

Pero, ¿cómo deben ser los cuidados diarios de la piel?

4. Higiene

Aunque no todos los especialistas están de acuerdo en la frecuencia con que se debe lavar la piel atópica, existe consenso en que el baño o ducha debe ser corto, con agua templada y con jabón adecuado para esta enfermedad. Hay que secar la piel con cuidado, sin frotar, y no utilizar el aire caliente del secador, pues aumentaría la deshidratación.

Todas estas precauciones se deben al intento de “no despertar” la sensibilidad de la piel, aumentando con ello la sequedad, el picor, el rascado y, por tanto, el brote de eccema. Por eso la higiene ha de ser corta (unos 5 minutos), para evitar la maceración y sobrehidratación; con agua templada (unos 33º C), para no excitar con el frío o el calor las terminaciones nerviosas; con un jabón o gel específico para pieles atópicas, que no debe ser usado en mucha cantidad, y mejor aplicándolo con la mano que con esponjas duras o guantes de crin. Y, por último, un secado tan suave que parezca una caricia. No seguir estas recomendaciones hará que aumente la xerosis y se acelere la presentación de brotes. Así pues, el baño o ducha de los niños atópicos debe hacerse siguiendo un ritual de “no agresión” de la piel.

Entre las normas de higiene se encuentra la limpieza de las uñas de manos y pies, que deben estar cortas, pero manteniendo una forma cuadrada. Con estas medidas evitaremos un rascado agresivo y la posibilidad de infección de la piel en general, y también de la piel alrededor de la uña (uña encarnada o paroniquia).

5. Hidratación

La hidratación de la piel, esto es, aumentar el agua de la capa córnea de la epidermis, es un gesto diario necesario en las pieles atópicas. Si hemos dicho que existe sequedad, y que esta lleva a inflamación, picor y eccema, resulta obvio que hay que corregirla. Y esta corrección se hace con cremas o lociones hidratantes específicas que favorecen la retención del agua en la piel, y con cremas o lociones emolientes que incrementan los lípidos perdidos (ácidos grasos, ceramidas) y mejoran la función barrera, dificultando la adherencia de las bacterias y la entrada de moléculas que puedan dar alergias.

Las cremas o lociones hidratantes o emolientes se pueden aplicar en cualquier momento, y todas las veces que se quiera. Pero el momento más adecuado y eficaz es inmediatamente después de la ducha o baño. Por la humedad que aún presenta al salir del agua, la piel está más preparada para absorber los elementos que la crema aporta.

No se debe hidratar la placa de eccema activa, porque puede escocer y porque lo que precisa es un tratamiento médico, pero sí la piel sin actividad, aunque esté en brote la enfermedad.

La hidratación es una práctica diaria que se debe mantener imprescindiblemente, pues así podremos disminuir o evitar el número de brotes.

Información elaborada por:
Dra. Aurora Guerra
Jefa de Sección de Dermatología del Hospital Universitario 12 de Octubre. Madrid.
Profesora Titular de Dermatología Médico-quirúrgica y Venereología. Universidad Complutense de Madrid.
Dra. Elena González Guerra
Médico Adjunto de Dermatología del Hospital Clínico San Carlos. Madrid.
Profesora Asociada de Dermatología Médico-quirúrgica y Venereología. Universidad Complutense de Madrid.

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